La Web 2.0 y el movimiento musical Punk

Miticos esos Clash

Míticos esos The Clash

Me encanta pensar que aunque la sociedad, la educación, los medios, incluso la propia tecnología, se empeñan en poner trabas y barreras a nuestra imaginación, somos capaces de dar otra vuelta de tuerca y crear de la nada nuevos espacios, nuevos sonidos, un horizonte nuevo sobre el que lanzar la mirada a lo lejos. Hace ya unos cuantos años, en la década de los 70, un grupo de chavales malcriados y con malas pintas decidieron que aquella música que escuchaban, casi con monotonía, en radios y conciertos de la época podía hacerse de una forma más sencilla y distinta. Sacaron toda la rabia que tenían dentro y la expresaron en un movimiento punk que alcanzó su máxima explosión (y explosividad) en el mítico año 1977. De las Islas Británicas el punk fue exportado a multitud de países en donde los jóvenes de entonces se identificaron con ese sentimiento de rebeldía y ese aroma de “por qué no puedo hacerlo como yo quiera”.

El movimiento punk en la música me recuerda bastante a lo que representó el nacimiento de las redes sociales, y en suma, la Web 2.0. Antes solo unos pocos con conocimientos eran capaces de crear páginas Web, de interaccionar con Internet. El resto solo podíamos conformarnos con la poca flexibilidad de las listas de noticias, o listas de correo, mandar algún mail que otro, y navegar por las páginas que solo unos pocos construían. Pero todo cambió cuando alguien pensó en que Internet tenía que cambiar, que entre esa masa babilónica de internautas había un talento y unas inquietudes que podían llevar a la Web a dar su siguiente gran paso. Se comenzaron a crear páginas en las que sus usuarios podían interactuar con la propia Web, seleccionando los contenidos, votando, participando en comunidad, aportando nuevas ideas. Las plataformas de blogs fueron facilitando su uso para hacer posible que en estos tiempos casi todos el mundo fuera capaz, apenas con algún pequeño conocimiento, de crear su bitacora, podcast, o sencilla página web.

En estos tiempo en los que vivimos, la Web nos envuelve en un manto social en la que la interactuación con los demás es casi tan obligada como satisfactoria. Y cada uno puede coger esos mimbres y decir lo mismo que pensaron aquellos jóvenes de los 70: ¿Por qué no podemos hacer eso mismo, pero a nuestra manera? Poco a poco nos vamos acercando a la Web 3.0, pero de momento las posibilidades y la libertad que se respira cuando entras en Internet es bastante tranquilizadora, observando el mundo que habitualmente nos rodea, en el que cada día estamos más atados a algo, llámalo hipoteca, trabajo, sociedad…