Los Podcast de día y los Podcast de noche

En el podcasting como en la mayoría de las cosas de la vida, o bien somos nosotros los que nos categorizamos o son los demás los que nos pegan etiquetas. De cualquier modo, para que las cosas no terminen siendo un caos, no está de más organizarlas un poco y por ello existen Podcast de tecnología, cultura, cine, y cien temáticas distintas entre las que bucear. Personalmente siempre he añadido una categorización extra, los podcast amateur y los profesionales, pero ahora me he dado cuenta que todavía se puede hacer otra incluso más importante: Los podcast de día y de noche.

Desde hace un tiempo me doy cuenta que por mucho que me guste un podcast, mentalmente me resulta imposible escucharlo de noche, ya sea por el ritmo, por la temática, o sobre todo si requiere que tenga los sentidos más atentos a lo que se dice. Por contra, hay otros podcast que los disfruto el doble si lo hago en la intimidad que da la noche. De hecho, incluso grabar a una hora u otra no tiene nada que ver. Como soy nocturno de nacimiento siempre me ha salido mejor lo que tramo a la luz de la luna que a la del sol. Y sería capaz de afirmar que desde que solo grabo de día, he perdido mucho como locutor, o al menos no acabo de trasmitir todo lo que busco. Esto ha conseguido que lleve meses sin escucharme, algo malo para aprender de los errores cometidos en un podcast, pero lo que el cuerpo no me pide, la mente es raro que lo ejecute.

Será romanticismo o pura costumbre, pero en mi rutina de vida, el día y la noche me piden podcast distintos, que por la naturaleza misma del podcasting, podemos adaptar a nuestra forma de escucharlos.

¿Qué os parece esta idea de podcast de día y de noche, os ocurre a vosotros como oyentes y/o podcasters? Si no me lo contáis en las Jornadas de Podcasting de Barcelona de este fin de semana, echaos un comentario… ;)

¿Hay vida después de Internet?

internet

Vivimos en un mundo conectado a la red, y los pequeños transeuntes que lo poblamos nos hemos acostumbrado a ello hasta el punto que gran parte de nuestra rutina también se encuentra conectada a internet. Desde levantarte cada mañana y conectar el ordenador, consultar tus mails, mirar las noticias,… Casi cualquier cosa que hacemos en nuestra vida diaria está relacionado con internet, o en su defecto con un ordenador. Y no creo que esto sea malo, al contrario, pienso que la tecnología evoluciona a favor de las personas (y no al contrario como piensan algunos) y nos facilita un montón de tareas. Internet no solo nos facilita muchas de esas acciones cotidianas, sino que nos ha abierto la puerta a otras muchas que desconocíamos o no pensábamos que fueran a ser beneficiosas, como por ejemplo las redes sociales, o los servicios de la Web 2.0.

Es en esta tesitura de cuando llega el momento, cada vez más raro, de pasar unos días o una temporada alejado de internet, cuando te das cuenta de lo enganchado que estás a este mundo de cables y redes inalámbricas. Lo cierto es que no es algo como para dramatizar, y tampoco quiero hacerlo, pero sí que es verdad que esas rutinas diarias de las que hablaba al comenzar el artículo se van echando en falta, más por costumbre que por pura necesidad. Quieras o no, siempre te entra ese gusanillo que te invita a pensar si tendrás muchos mails acumulados, si habrá ocurrido algo interesante en la blogosfera, si ya habrá salido un nuevo capítulo subtitulado de Lost… Cada uno las suyas, pero sí que es cierto que hoy por hoy, no podríamos estar alejados de internet mucho tiempo, porque ya hemos asumido estas acciones como rutina diaria y vital.

Por supuesto que sin internet las infraestructuras de las empresas y estado se irían a pique, pero ciñéndonos al plano más personal…, ¿podrías vivir sin internet después de haberlo tenido?